jueves, 4 de marzo de 2010

Abu Dhabi-París: dos mundos aparte




Acabo de llegar de Abu Dhabi (Emiratos Árabes Unidos) al aeropuerto Charles de Gaulle de París y he sufrido un shock cultural, y eso que sólo estuve tres semanas en Abu Dhabi y Dubai. No sé, supongo que ya me acostumbré tanto al canto del muecín, a las mujeres vestidas de negro, a los hombres con sus túnicas blancas y sus pañuelos en la cabeza, y sobre todo al glamour y al resplandor de los edificios, que llegar al continente europeo, así de repente (sólo para una conferencia), me hizo ver este lugar de una manera diferente. Parece que acabo de dejar y encontrar dos mundos aparte. Allí todo era nuevo, brillante y colorido. Aquí todo es viejo, desgastado y gris. Allí estaba a 35 grados y aquí estoy a 10. Eso se nota. No sólo en la temperatura, sino en la infraestructura y la gente. El aeropuerto de Abu Dhabi es todo vidrio, mármol, amplitud y acero. Charles de Gaulle es hormigón, hierro y también mármol, pero este mármol ya no brilla.



Ahora entiendo porque una egipcia me decía que no le gustaba Europa porque los baños eran viejos y sucios. Concuerdo. En menos de 8 horas acabo de usar dos baños diferentes, uno en el aeropuerto de Abu Dhabi y otro aquí en el Charles de Gaulle y la diferencia es descomunal. El de allá era un baño a todo confort, nuevo, limpio, de colores y resplandeciente. Con duchita incluida para limpiarse bien el trasero. Muy higiénico, vamos. En plan árabe. El de aquí tiene por lo menos 20 o treinta años, los azulejos son blancos y están desgastados. Las puertas son de madera y ya se notan las grietas del paso del tiempo. ¡Y por encima es de pago! Al lado del retrete encontré una maquinita que me decía que allí podía humedecer el papel higiénico para un mayor confort y bienestar, pero lamentablemente puse el papel higiénico debajo del spray y no había líquido ya para humedecer. Todo un contratiempo.



Supongo que estas “cositas” de la vida me dejan con cierta preocupación en cuanto al estado de Europa. Soy de los que me resisto a decir que Europa está en declive. Supongo que mi identidad europea me impide a veces ser más objetivo. Sigo pensando que Europa es el mejor lugar para vivir. Es donde hay más clase media, más cultura, más filosofía, más amor por la lectura, la contemplación y la relajación. Miro alrededor y veo a muchísima gente con periódicos, libros y revistas. Hay hambre por saber en Europa, pero del saber no sólo vive el hombre. También tiene que hacer. En estos momentos, acabado de llegar de los Emiratos donde los indios, pakistaníes, filipinos y nepalíes trabajan de sol a sol para levantar todo un país en pocos lustros. Siento que Europa está cayendo en la complacencia, el acomodamiento y en un peligroso bienvivir conseguido a base de trabajo duro e inteligencia durante siglos, pero que en estos momentos se está desvaneciendo por culpa de la falta de incentivos y retos.



Sigo pensando que Europa va a despertar algún día y ponerse las pilas. Sigo siendo un optimista. Creo que algún día los europeos se van a dar cuenta que los brasileños, chinos, indios y árabes les están pisando los talones y se pondrán de nuevo a “hacer” y no sólo a pensar. De todas maneras, hasta que llegue ese momento, la transición va a ser dura. Sólo hay que mirar a Grecia. Los europeos están acostumbrados a unos derechos sociales y laborales que para la mayoría de la gente de este mundo son impensables. 40 horas de trabajo a la semana, 4 ó 5 semanas de vacaciones, compensación por despido improcedente, subsidio por desempleo, ayudas familiares, jubilación a los 65 (o a los 60, como en Grecia) etc. etc. Logros cosechados a base de esfuerzo, protestas y luchas sociales. Derechos conseguidos a base de sudor y sangre. Y dirán los europeos, como dicen mucho de mis amigos, ¿pero no será mejor que los chinos se pongan a nuestro nivel, con nuestros derechos, a que nosotros tengamos que desprendernos de nuestros derechos y ponernos a trabajar como chinos? Supongo que tendrán razón mis amigos. Yo también soy de los que piensa que los chinos, y los taxistas paquistaníes de Abu Dhabi que trabajan 16 horas al día, deberían tener más derechos. Pero, ¿quién somos los europeos para decirles a los demás cómo tienen que ganarse su pan?



El problema de los europeos es que pensamos que somos la vanguardia de la raza humana. Que estamos por delante de los demás y que ellos seguirán nuestra estela. Esperamos, ingenuos nosotros, que algún día los chinos llegarán a nuestro nivel de bienestar y van a pedir más derechos. Eso es un grave error. El ejemplo lo tenemos en los Estados Unidos. También pensamos que cuando ese país evolucionase, se asentase y se modernizase, sus ciudadanos iban a pedir más derechos y trabajar menos. Bueno, pues nada más lejos de la realidad, Estados Unidos ha superado a Europa en cuanto a riqueza, investigación y desarrollo y no hay síntomas de quererle dar 5 semanas de vacaciones a los trabajadores. La ambición de Obama de crear un sistema sanitario universal en Estados Unidos es un claro ejemplo de cómo la mentalidad de ese país no sigue la estela europea. La mayoría de los americanos se oponen a darle más derechos a los más necesitados. No está en la idiosincrasia americana. Eso sería hacerse europeos, y eso significa complacencia y declive.



Muchos europeos sin embargo, no se inmutan. “Como en Europa no se vive en ningún lado”, dicen. Además, qué problema hay en no estar al frente del mundo, en dejar de ser los más poderosos y los más avanzados. Mira Suiza, no son una superpotencia y el nivel de vida es de los mejores. ¿Por qué no hacer de Europa una pequeña-grande Suiza? Me gusta la idea, sobre todo porque nací allí y sé muy bien cómo se vive en esa pequeña isla, paraíso fiscal. Lo que pasa es que muchos europeos no se dan cuenta que los suizos son precisamente la antítesis de lo que veo en el resto del viejo continente. Los suizos no están acomodados, ni complacientes. Hay derechos laborales, pero los justos. Los suizos están siempre alerta, siempre on their toes, como dirían los ingleses. Es decir, siempre con los talones levantados por si llega cualquier desavenencia. Los suizos no son vagos, tienen una disciplina de trabajo superior a los alemanes, ¡ahí es nada! Lógico que los suizos se mantienen en un bienestar alto. Lo hacen porque siempre quieren estar a la vanguardia.



Creo que conozco Europa bastante bien. Me la he recorrido de punta a punta en mi pocos años de vida. Conozco las diferentes mentalidades, así como las diferentes lenguas, menos las eslavas y el griego. Siempre me ha extrañado, sin embargo, la preocupación de los suizos por la competencia de los chinos, los indios, y los otros países emergentes. Siempre he notado a los suizos más preocupados por ese tema que los franceses, los alemanes y los ingleses. Ahora que acabo de comparar el baño del aeropuerto de Abu Dhabi con el de París entiendo la inquietud helvética. Los baños en Suiza siempre están limpios. Hay una razón detrás.