La cumbre del G20 (más España y Holanda) celebrada la semana pasada en Londres fue histórica en muchos sentidos. Las mayores potencias del mundo acordaron inyectar algo más de un billón de dólares en el Fondo Monetario Internacional (FMI) para que pueda asistir a países al borde de la bancarrota como Ucrania. Además, las superpotencias llegaron a un consenso para reforzar la regulación pública de todos los productos, actores y mercados financieros mundiales (algo que hace cinco años, en plena burbuja neoliberal, era impensable). Los líderes mundiales se comprometieron también a reformar el FMI para que las potencias emergentes como Brasil y China obtengan la influencia en el voto que merecen sus economías. En este sentido la cumbre ha dado un gran paso hacia la cooperación internacional y la formación de un gobierno mundial que esté a la altura de los tiempos. Con la llegada de la globalización la economía ha operado durante tres décadas a nivel transnacional sin ningún tipo de orden ni restricción. Ya es hora de que la política recupere el terreno perdido y actúe también en la esfera de lo global. Es sin duda una satisfacción ver a los líderes de las mayores potencias del mundo dejar de lado sus diferencias económicas, políticas, históricas y culturales y llegar a acuerdos consensuales.
Sin embargo, la recesión mundial no se arregla con grandes apretones de manos, largas sonrisas y pulgares levantados. Esto es un buen arranque y hay que aplaudirlo. Pero una vez que ya se han hecho las fotos e rigor y todos se han dicho cuánto se admiran, los dirigentes y sus consejeros tienen que subirse las mangas de las camisas y ponerse a trabajar. En este aspecto los líderes por ahora están sacando malas notas. Para poner remedio a la actual crisis mundial hay que resolver dos temas que por ahora sólo se han tocado por encima. El primero hace referencia a los grandes desequilibrios macroeconómicos (sobre todo entre China y Japón y los Estados Unidos) que forman justamente la raíz de la crisis. Y el segundo tiene que ver con los productos financieros tóxicos derivados de las hipotecas basura y las que no eran tanta basura, pero a la medida que caen los precios, se convierten en basura.
Durante los últimos veinte años la economía mundial ha crecido gracias a la misma fórmula. Los chinos y los japoneses se han dedicado a producir como locos mientras que los americanos se han concentrado a consumir como desesperados. Esto ha creado déficit y superávit insostenibles. La crisis actual es una corrección natural de estos desequilibrios estratosféricos. La única manera de cambiar esto es que los americanos se pongan de nuevo a trabajar y los chinos y los japoneses empiecen a gastar. Si Obama realmente quiere cambiar el mundo, ésta es la negociación que debería estar llevando a cabo con sus homólogos chino y japonés, con la mediación de la Unión Europea y las otras potencias. Sin embargo, de esto no se ha hablado nada o por lo menos no se ha hecho público. El tema ni se incluye en el comunicado final de la cumbre.
Por donde cojea también el comunicado final es en la cuestión de los activos tóxicos que están pudriéndose en los balances de cuentas de los bancos e infectando a todo lo demás. Mientras que no se purguen todos estos activos tóxicos que están haciendo que los bancos no abran sus líneas de crédito la crisis no estará resuelta. Los japoneses lo saben por propia experiencia. Ellos tuvieron el mismo problema en los años 90 y no salieron del atolladero hasta que limpiaron totalmente los activos podridos del sistema bancario. La dificultad en este caso está en que el problema no es nacional sino internacional, con lo cual el cometido es mucho más complicado. Los expertos en banca tienen primero que localizar dónde están los paquetes de derivados tóxicos que se han venido diseñando en los últimos diez años y se han vendido a las cuatro esquinas del planeta. Una vez localizados, hay que desempaquetarlos y ver lo que hay dentro. Separar lo que está todavía sano de lo que está podrido y después intentar vender lo bueno a precio de mercado y lo malo a precio de subasta. Sólo así los bancos van a poder limpiar sus cuentas y volver a abrir el grifo del crédito. ¿Alguien ha hablado de este tema en la reunión del G20? Lo dudo. El tema es demasiado complejo y espinoso para los jefes de Estado y de Gobierno. El problema es que si esto no se resuelve pronto vamos a sufrir lo mismo que han sufrido los japoneses. 10 años de bancos zombies y una economía global que no levanta cabeza.
Artículo publicado en el Xornal de Galicia, el 7 de abril de 2009
http://www.xornal.com/opinions/2009/04/07/Opinion/donde-cojea/2009040712552153798.html
martes, 7 de abril de 2009
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