martes, 3 de abril de 2007

Bush-Chávez, tal para cual


RIO DE JANEIRO (15.03.07). El presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, y el presidente de Venezuela, Hugo Rafael Chávez Frías, han protagonizado esta semana un irrisorio ejercicio de propaganda mediática y pantomima política, en lo que se puede catalogar como la primera campaña electoral transnacional para conquistar los corazones y las mentes de los latinoamericanos. Mientras Bush visitaba Latinoamérica armado hasta los dientes para frenar la ola chavista que recorre el continente y pregonar su fórmula mágica de: neoliberalismo + democracia = a prosperidad y puestos de trabajo, Chávez aprovechaba el periplo del "caballerito del norte" por tierras del sur para sacar a relucir de nuevo toda su verborrea antiimperialista y proponer por enésima vez la catequesis del Socialismo del Siglo XXI como única solución para superar los problemas que asolan la región.

Los asesores de imagen de los dos mandatarios prepararon las agendas políticas de sus respectivos líderes con tanto esmero que muchas de las frases dichas esta semana por estos dos personajes quedarán para los anales de la historia. Los dos han elegido estratégicamente para su gira cinco países amigos y no se han atrevido a entrar en territorio enemigo para no tener que enfrentarse a un entorno hostil, aunque en el caso del representante de la Casa Blanca no se sabe bien si existe territorio amigo para él, porque vaya adonde vaya va a haber siempre miles de manifestantes pacíficos que muestran su rechazo hacia sus políticas y cientos de radicales que aprovechan la ocasión para enfrentarse a la policía de sus propios países y destrozar el mobiliario urbano de sus ciudades, sin lograr ningún tipo de perjuicio para el ilustre visitante.

Bush ha elegido como destinos: Brasil, la mayor potencia de América Latina, gobernada actualmente por una izquierda moderada que tiene muy buenas relaciones con Washington, sobre todo ahora que los dos países quieren crear una especie de OPEP para el Etanol; Uruguay, un país que actualmente quiere ampliar sus acuerdos comerciales bilaterales con los Estados Unidos pero está impedido por una cláusula del MERCOSUR; Colombia, el mayor socio de los Estados Unidos en Sudamérica y consecuentemente el país que más ayudas financieras recibe del hermano del norte a través del Plan Colombia destinado a la lucha contra el narcotráfico; Guatemala, que ha presentado su candidatura al Consejo de Seguridad de la ONU para frustrar las aspiraciones de Chávez y que ya ha firmado el Tratado de Libre Comercio de Centro América (CAFTA, en sus siglas en inglés) con los Estados Unidos, y, por último, México, que con la llegada al gobierno de Felipe Calderón sigue con su línea de apoyo a las políticas neoliberales defendidas por la Casa Blanca.

Chávez, por su parte, ha visitado Argentina, que con Néstor Kirchner en el poder se ha convertido en un firme aliado de Venezuela, gracias sobre todo a que Chávez ha pagado la deuda externa de este país ante el Fondo Monetario Internacional; Bolivia, otro socio ideológico y comercial clave de Venezuela tras la llegada al gobierno de Evo Morales y la nacionalización de los recursos energéticos; Nicaragua, que con la victoria del sandinista Daniel Ortega en las últimas elecciones generales ha vuelto al bando socialista, incorporándose a la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), bloque que también incluye a Venezuela, Bolivia y Cuba y se enfrenta a la idea del ALCA (Tratado de Libre Comercio para las Américas) propuesta por Bush; Jamaica, uno de los países beneficiarios del acuerdo PetroCaribe, por el cual Venezuela ofrece petróleo barato a sus vecinos caribeños, y finalmente Haití, porque, según fuentes de la diplomacia venezolana, Chavéz quería visitar cinco países como Bush y además por ser Haití el país más pobre de América Latina con un sentimiento antiamericano muy enraizado.

Una de las curiosidades de todos estos viajes ha sido que Chávez se ha anticipado en todo momento a los movimientos de Bush, sin dejarle espacio para maniobrar. Cuando Bush viajó de Brasil a Uruguay, en el sur del continente, Chávez ya estaba esperando en Buenos Aires, a pocos kilómetros de distancia de Montevideo. El día que Bush tomó vuelo hacia Bogotá, Chávez se puso en camino hacia el norte, en dirección a Bolivia. Cuando el presidente estadounidense llegó a Guatemala, en Centroamérica, el presidente venezolano ya se encontraba en Nicaragua, justo al lado. Y cuando Bush llegó al Caribe mexicano, Chávez ya había pasado por las playas de Jamaica y Haití. El portavoz de la Casa Blanca, Tony Snow, preguntado constantemente por los periodistas por la presencia de Chávez en el viaje, llegó a ironizar diciendo: "No, no hemos escondido a nadie entre nuestras maletas".

Las áreas geográficas de esta peculiar disputa electoral han sido muy parecidas, sin embargo, los estilos han sido bien diferentes. Bush ha preferido los espacios cerrados y una seguridad extrema, llegando a hacer uso de artillería pesada. En Bogotá se movilizaron 22.000 efectivos de seguridad, en uno de los mayores despliegues policiales de la historia del país, y en Brasil las medidas de seguridad impuestas por la comitiva de Bush llegaron a paralizar por varias horas la metrópolis de São Paulo, hasta el punto de que un ciudadano llegó a decir: "Hay que tener mucho poder para paralizar una ciudad de casi 20 millones de habitantes". Muy al contrario, Chávez se ha dejado querer por la gente y ha organizado baños de masas como la celebración de un mitin en el estadio de fútbol de Ferrocarril Oeste de Buenos Aires con 40.000 personas o la marcha en coche que se efectuó por las calles de Puerto Príncipe en Haití entre miles de seguidores que gritaban exaltados: "Abajo Bush, Viva Chávez".

Los discursos fueron también bien distintos. Las alocuciones de Bush fueron cortas (en São Paulo no llegó a hablar ni siete minutos) y llenas de errores sintácticos (en Guatemala llegó a decir algo así como que "las autoridades ejecutoras de la ley tienen que ejecutar la ley para que se respete la ejecución de las leyes", refiriéndose a la deportación de los inmigrantes guatemaltecos). Bush no hizo ningún tipo de alusión a Chávez. Sus asesores le aconsejaron no llegar a pronunciar el nombre del presidente venezolano porque podría ser perjudicial para sus intereses. El presidente norteamericano cumplió a rajatabla con esta misiva y nunca dijo el nombre de Chávez, incluso cuando los periodistas le preguntaban sobre el líder venezolano. Bush estaba tan tenso con esta cuestión de no hablar de Venezuela que en Uruguay, después de visitar el rancho del presidente Tabaré Vázquez, llegó a soltar otro gazapo de los suyos diciendo que "Venezuela tiene carnes fantásticas… quiero decir, Uruguay tiene carnes fantásticas".

Chávez, como es habitual, no tuvo pelos en la lengua a la hora de hablar de Bush y estuvo insultándolo durante horas hasta cansar a sus audiencias. Aparte de llamarle por su nombre, con un acento estadounidense hispano-caribeño, le llamó "caballerito del norte", "diablo", "cadáver político", "loco" y hasta llegó a decirle "hijo de… bueno, esa palabra no la puedo decir". Vamos, que lo más bonito que le llamó fue "hipócrita" por pregonar el neoliberalismo en Latinoamérica, siendo los Estados Unidos el país más proteccionista de la tierra. Sin embargo, en cuanto a hipocresía, Chávez no puede decir mucho en este viaje. En Jamaica el presidente venezolano criticó el acuerdo sobre Etanol de Brasil y Estados Unidos por considerar que en "Latinoamérica hay que plantar para comer y no para producir biocombustible para llenar el tanque de los coches de los ricos". Una afirmación ciertamente curiosa ésta cuando Chávez acaba de firmar un acuerdo con Fidel Castro para construir varias centrales de Etanol de caña de azúcar en Venezuela, gracias a la importación de materia prima proveniente de la isla caribeña. Y es que, en política, como en la vida, después de mucha convivencia, todo lo malo se pega.
Publicado en snc, el 15.03.07

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