martes, 1 de mayo de 2007

Galopando entre las fantasías del carnaval de Río


Uno de los mayores desafíos de cualquier noctámbulo, es decir, de cualquier amante de la noche y la fiesta, es ser partícipe del mayor carnaval del mundo, el Carnaval de Río de Janeiro. Esta prueba, una vez superada satisfactoriamente, convierte al mero noctámbulo en un auténtico jinete de la noche y lo consagra como noble caballero de las nocturnidades cariocas. Sin embargo, los obstáculos que se presentan ante este reto son múltiples. La familia hace todo lo posible para que el aspirante desista de la idea, porque el carnaval de Río es muy peligroso. Los amigos no dejan de traslucir cierta envidia sana, o no tan sana. La televisión habla de que en Río de Janeiro se está produciendo un Río de violencia. Y no suficiente con todo este entorno hostil, la carabela de Air Madrid pierde su licencia de vuelo, declara suspensión de pagos y el pretendiente al título de caballero tiene que comprar otro billete con Iberia.

El camino hacia la gloria está lleno de adversidades, contratiempos y emboscadas, pero el buen amante de la noche no cede en su intento. Se enfrenta a viento y marea y hace todo lo que sea para estar en ese barco aéreo que cruza el Gran Charco y lo transporta a la que se conoce en el Nuevo Mundo como a cidade maravilhosa. Las ganas por estar en la mayor fiesta del planeta superan con creces cualquier tempestad que se presente por el camino.

El noctámbulo llega a Río de Janeiro con su caballo y se enfrenta a un calor agobiante. En 12 horas pasa de las gélidas noches del invierno ibérico a las húmedas y tropicales veladas de la bahía carioca. Gracias a sus contactos en la zona, y a un milagro de Dios, consigue una habitación barata en Copacabana. Se adueña de un ventilador para soportar el calor y se tumba en su lecho, nervioso y excitado, esperando el inicio del examen.

El Carnaval empieza oficialmente el 16 de febrero, pero para entrenar sus dotes ecuestres el noctámbulo se lanza la noche del 15 a la calle porque le cuentan que hay el Bloco (desfile) dos Escravos por la Plaza Mauá. Llega allí a trote tranquilo y cuando arriba, la plaza y las calles adyacentes están llenas de gente. Se aproxima al trio- eléctrico (el camión con los músicos) y la cosa se pone a andar.


El trio-eléctrico entona un mítico sambinha para comenzar y la multitud se empieza a agitar. Empiezan los empujones, los pisotones y las avalanchas. El examinante lo pasa mal en este primer ensayo. De repente se ve inmerso en un Río de gente del cual no puede escapar. Empieza a sudar, empieza a delirar y se ve arrastrado por la corriente humana.


Todo el mundo está feliz. Todo el mundo canta y baila. Menos el noctámbulo que está agobiado por estar asfixiado entre el calor y la multitud, y por ver que casi nadie está fantaseado, o sea, disfrazado. “¿Éste es el Carnaval de Río?”, se pregunta. “¡Esto es una mierda! Prefiero mil veces el carnaval de Hío en Cangas do Morrazo, allá en Galicia, donde se disfraza todo el pueblo, desde el más joven hasta el más viejo”, exclama.

Al examinante para caballero de las nocturnidades cariocas no le queda otro remedio que seguir el paso del sambinha del trio-eléctrico para no quedar aplastado bajo la multitud, y beber mucha cerveza Skol de los ambulantes que están en el medio del Río humano, para no quedar deshidratado.

Al día siguiente el dolor de cabeza es criminal. La resaca es brutal. El noctámbulo pasa todo el día en cama y cuando llega la noche su corazón le pide juerga, pero su cabeza le pide asueto. Sus amigos cariocas le piden que baje. Su reputación como aspirante a jinete de la noche está en juego, pero el noctámbulo se lo piensa bien y se dice: “El Carnaval acaba de empezar, es mejor descansar hoy y reservar fuerzas para las pruebas más importantes”.

Esa noche el noctámbulo se queda en casa pensando que había hecho 9.000 kilómetros para estar tumbado en una habitación mugrienta, pegado al ventilador.

Al día siguiente por la noche, ya recuperado, nuestro noctámbulo consigue entrar gratis en el concurso oficial de fantasías (disfraces) del Carnaval de Río. Una prueba fácil, consistente en sacar muchas fotos y disfrutar del lujo, la belleza y la originalidad de los cariocas. El nocherniego conoce a la Aurora de Siam, ganadora en la categoría de Fantasía Show, y casi se queda petrificado para el resto de su vida, deslumbrado por la belleza de la noble dama.

El domingo de Carnaval ya empiezan las pruebas más duras. A las 9 de la mañana el jinete galopa hacia la Plaza 15, en el centro de la ciudad, para asistir al célebre Bloco do Cordão do Boitatá. El ambiente es magnífico. Por fin abundan las fantasías y las máscaras, las serpentinas y los confetis y, por supuesto, la Skol y la Brahma. Todo el mundo canta y baila al son de las Marchinhas do Carnaval y nuestro noctámbulo saca una muy buena nota en esta prueba.

Por la tarde llega la hora de uno de los exámenes más difíciles para la obtención del título de caballero: conseguir una entrada para el desfile especial del Carnaval en el Sambódromo. En este caso entrar gratis resulta imposible, puesto que las credenciales se concedieron un mes antes del evento. Las investigaciones previas indican que la broma no va a salir por menos de 100 euros, 280 reais, pero nuestro personaje está acostumbrado a lidiar y luchará hasta la última gota de sangre.

A ritmo de buen galope llega al Sambódromo y se enfrenta al batallón de reventas. Se faja bien. Recibe algunos golpes bajos, pero se defiende y lanza varios contraataques. El precio empieza a caer. 250 reais, 230 reais, incluso llega a conseguir una oferta por 200 reais. Pero el jinete no tiene compasión y sigue exprimiendo al adversario. Cuando acaba con uno, se abalanza sobre otro y así durante horas hasta que encuentra uno que le ofrece un billete del sector 11, justo en el recuo de la bateria, por 190 reais, precio de venta en taquilla.

Nuestro noctámbulo sin embargo quiere sacar matrícula de honor en esta prueba y antes de comprarle el billete a este último reventa, llama a otro de sus contactos y le plantea el tema: “Mira, yo tengo una oferta para el sector 11 de 190 reais, ¿mejoras ese precio o no?” y va el contacto y dice: “Tá bom, eu faço por 180”. Bingo, premio concedido. El aspirante a caballero saca una nota excelente y entra a la Catedral del Carnaval por el ‘módico’ precio de 65 euros.

El esfuerzo vale la pena. El desfile especial de las escuelas de samba es sin lugar a dudas o maior espetáculo da Terra. 9 horas, sí 9 horas (de las 9 de la noche a las 6 de la madrugada) de un Río de música, danza, teatro, coreografías, acrobacias, innovación, originalidad, armonía, colorido, esplendor, exuberancia, brillo, pasión, dedicación, estupor, admiración, pasmo, sorpresa y extenuación.

Nuestro noctámbulo pasa, en una noche inolvidable y frenética, del África del Sur de Nelson Mandela y el fin del Apartheid, a hacer la fotografía de la subida de falda que consagró a Marilyn Monroe. De sambar con las bellas guerreras Candaces africanas, a participar en los juegos panamericanos de este julio en Río de Janeiro. De ser un vikingo de la corte de Odín, a ser un sindicalista de la Baixada Fluminense de la periferia de Río. Exhausto, al final de la velada, acaba incluso entre los dioses africanos del Candomblé, justo entre las grandes divinidades de Xangô y Oxum.

El desfile especial de las escuelas de samba es unas de las pruebas más difíciles del Carnaval de Río de Janeiro. El concursante necesita de muy buen oído para entender las letras de los samba-enredos, una buena noción del ritmo para seguir el latido de la bateria (formada por unos 300 percusionistas), un gran poder de abstracción para saltar de una esquina del mundo a otra y de una época histórica a otra en pocos minutos y, finalmente, necesita mucho aguante para resistir sambando durante 9 largas horas el fluir del espectáculo.




Después de haber superado esta prueba, la galopada ya se hace mucho más llevadera. Una vez que el aspirante a caballero de las nocturnidades cariocas sabe que tiene el título en el saco, sólo le queda disfrutar de los mejores blocos del carnaval de Río por las playas de Ipanema y Copacabana, como la tradicional Banda de Ipanema, el extraordinario Río Maracatu y el mítico Monobloco, que reúne cada año a más de 50.000 exaltados, que no paran de saltar y bailar durante horas y horas en un éxtasis de felicidad brasileña.

Ya bien relajado después de superar tanta prueba, el otrora noctámbulo y ahora jinete de la noche y casi caballero de las nocturnidades, se sumerge en el baño de fantasias y máscaras y el envolvente golpear hipnotizante de los bombos de las baterias de los blocos, y empieza a danzar y a cantar y a brincar carnaval como el que más, en medio de los colores anaranjados del esplendido anochecer de la playa de Ipanema.

Así, desprevenido y con la guardia baja, nuestro noctámbulo, lentamente, se convierte en presa fácil de los múltiples placeres y deleites que ofrece la noche carioca. Y es que la última prueba del Carnaval de Río es siempre la más difícil de superar, para cualquier noctámbulo.

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