domingo, 20 de mayo de 2007

La 'Canarinha' pide la hora en el nuevo St. Jakob de Basilea


BASILEA. (16.11.06) El nuevo bautizo del estadio St. Jakob de Basilea no ha podido tener mejor padrino, o en este caso, madrina. Nada más y nada menos que la mejor selección de fútbol del mundo, según la clasificación de la FIFA, es decir, la selección de Brasil, con todas sus estrellas del momento: Kaká, Ronaldinho y Robinho, que volvieron a demostrar que en esto del fútbol ellos son los que tienen más estilo, aunque sea sentados en el banquillo y jugando 30 minutos a medio gas, como fue el caso de Ronaldinho.

El partido amistoso de ayer en Basilea entre las selecciones de fútbol de Brasil y Suiza fue una auténtica fiesta, tanto fuera como dentro del campo. En las gradas, el remodelado estadio de St. Jakob lució majestuoso, con cerca de 40.000 banderitas suizas ondeadas al grito del ya mítico ¡Hopp Schwyz! por una afición entusiasta y entregada, y por islitas de brasileñas y brasileños que mostraron, como siempre, toda su belleza y colorido, y toda su pasión por o 'futebole' tras cada gol de su equipo.



En el campo también se pudo presenciar un buen espectáculo. Cabe señalar además que ninguno de los 22 jugadores del inicio juega actualmente en Brasil o Suiza. El mejor fue sin duda Kaká. Este jugador se parece cada vez más a aquel Rai del São Paulo, que le ganó una Copa Intercontinental al Barcelona de Cruyff y que jugaba en el medio de campo siempre erguido y con una visión de juego extraordinaria. Kaká hizo ayer de Rai, sobre todo en el primer tiempo. Siempre con la cabeza alta se dedicó a organizar, a dirigir, a meter pases, a presionar y a correr, y la recompensa fue un curioso gol, fruto de un malentendido entre el portero helvético Zuberbühler y el defensa Djourou.



La 'Canarinha' jugó realmente bien en el primer tiempo. Las triangulaciones entre Kaká, Dudu Caerense y Elano en el medio de campo funcionaron a la perfección y Robinho y el bético Rafael Sobis mostraron mucho peligro en la punta. El primer gol del partido, sin embargo, llegó en el minuto 22 de un saque de esquina botado por Elano y cabeceado espléndidamente por el central Luisão. Como el primer gol cayó bastante pronto y la defensa helvética andaba medio aturdida con tanto pase al primer toque y, por añadidura, 13 minutos más tarde, en el minuto 35, llegó la pifia de Zuberbühler, todo parecía indicar que en el segundo tiempo los brasileños iban a seguir con el recital.


Pero no, no fue así. Como declaró Robinho al final del encuentro: "cualquier selección se motiva cuando juega contra Brasil" y en el segundo tiempo los suizos sacaron todo su orgullo y su garra y estuvieron a punto de darle la vuelta a la 'feijoada'. Los brasileños se relajaron con los cambios y la presencia de Ronaldinho sobre el terreno de juego y los helvéticos aprovecharon el despiste general para forzar, primero, un gol en propia puerta del central Maicon en el minuto 69 y, después, con la entrada de Hakan Yakin como revulsivo, para poner a la Canarinha contra las cuerdas. La jugada clave sucedió diez minutos más tarde cuando el mejor suizo de la noche Tranquillo Barnetta fusiló al portero Helton a una distancia de diez metros y éste, con unos increíbles reflejos, desvió el esférico a corner.



En los minutos finales del encuentro las multimillonarias estrellas brasileñas hicieron todo lo posible para perder tiempo y llevarse la victoria a casa, demostrando que en esto del fútbol siempre se quiere ganar, aunque sea un partido amistoso, y ofreciendo también un guiño a los aficionados suizos, que así se fueron para casa con la satisfacción de ver a su equipo tutear al pentacampeón del mundo hasta el último minuto del encuentro. En este sentido, las declaraciones al final de Luisão, autor del primer gol brasileño, seguro que ponen una sonrisa en la boca de cualquier aficionado suizo: "Hemos tenido enfrente a una selección muy fuerte, con un físico muy fuerte, que nos acabó sofocando", comentó el central.




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