
Los medios de comunicación 'generalistas' de todo el mundo nos dicen que en Venezuela hay una dictadura. Que Hugo Chávez es un megalómano lleno de petrodólares que tiene al pueblo sometido a base de grandes dosis de populismo, 'asistencialismo' y autoritarismo. Se comenta que en Venezuela se ha derrumbado el estado de derecho, que no hay libertad de expresión y que ha aumentado la pobreza. Pero, ¿cuánto hay de cierto en todo esto? ¿Cuánto es verdad y cuánto es manipulación mediática? Para disipar estas dudas lo mejor es ir hasta Caracas y ver la realidad en primera persona.
CARACAS (Mayo 2006). Cuando uno sale de Europa la idea que tiene de Venezuela es que Hugo Chávez ha llegado al poder de manera fraudulenta, apoyado por una cúpula militar, y que a través de la fuerza, o por lo menos de la coacción, ha impuesto determinados cambios 'filosocialistas' en el país. El régimen bolivariano alega que esos cambios son para ayudar a los más pobres y eliminar las enormes desigualdades existentes, pero en el viejo continente hay serias dudas con respecto a que la mayoría de los venezolanos estén realmente detrás de su presidente. Los medios 'generalistas' aclaran que el programa social implantado por Chávez es una cortina de humo que pretende ocultar las verdaderas intenciones egocéntricas del mandatario caribeño, que no son otras que apropiarse de la industria del petróleo para enriquecerse, expandir su campaña antiimperialista a toda Latinoamérica y perpetuarse en el poder por tiempo indefinido al estilo Fidel Castro.
Pero esa visión generada por los medios de comunicación se desbarata por completo cuando uno llega a Caracas. Parece mentira, pero en estos momentos en Venezuela no hay una dictadura militar, más bien se trata de una revolución popular. La mayoría de la población está eufórica con el proceso revolucionario iniciado por Hugo Chávez. En toda la ciudad abundan los murales a favor del socialismo del siglo XXI y en las calles la gente se reúne para hablar de qué van a hacer para cambiar la sociedad, para profundizar aún más en el proceso bolivariano. Se habla de cambiar de ideología, de cambiar de mentalidad, de terminar de una vez con la dependencia del norte y se diseñan estrategias para erradicar los grandes males históricos de la sociedad venezolana: la inseguridad, el burocratismo y la corrupción. Cuando el visitante ve todo esto se da cuenta de que la revolución bolivariana de Hugo Chávez no es un proceso impuesto desde arriba, más bien todo lo contrario: se trata de un fenómeno que surge de las necesidades y de las voluntades del propio pueblo venezolano.
Uno se pone entonces a investigar y se da cuenta de que Hugo Chávez Frías no es un líder que surge por casualidad. El actual presidente de Venezuela es simplemente la punta del iceberg de un movimiento revolucionario progresista que se ha venido gestando desde hace casi medio siglo. Históricamente, Venezuela ha sido un país de enormes desigualdades y éstas aumentaron en sobremanera a partir de 1958, cuando las elites oligárquicas afines a los dos partidos mayoritarios, AD (socialdemocracia) y COPEI (socialcristianismo), y asociadas a los intereses económicos estadounidenses, firmaron el 'Pacto de Punto Fijo'. Este acuerdo tenía un claro objetivo: evitar que cualquier movimiento popular de tendencia comunista, progresista, obrera o campesina llegase al poder. El Pacto aseguraba la vigencia del 'status quo' consistente en que el 20% de la población controlaba la mayoría de las tierras y los recursos naturales (sobre todo los yacimientos de petróleo), mientras que el 80% restante vivía en extrema pobreza, excluido totalmente del sistema y de los estamentos políticos y económicos del poder. AD y COPEI se alternaron durante 40 años la presidencia de la República de Venezuela y sus gobiernos estuvieron constantemente salpicados por el fraude, la corrupción, las protestas, la represión y una violencia sistémica y sistemática.

Las tensiones sociales llegaron a su clímax a principios de 1989 cuando el gobierno neoliberal de Carlos Andrés Pérez (AD), auspiciado por el Fondo Monetario Internacional, introdujo diferentes políticas de ahorro en el país, entre ellas la subida de los impuestos sobre la gasolina. Esta medida fue tan impopular entre los sectores sociales más desfavorecidos que la gente de los 'cerros' (los barrios más pobres de Caracas) se echó a las calles a protestar y a saquear los centros comerciales. El 27 y 28 de febrero de 1989 se produce lo que los venezolanos conocen como el 'caracazo'. Desesperados por su situación socioeconómica, cientos de miles de manifestantes se enfrentaron durante esos días a las fuerzas policiales y al Ejército. Las intensas protestas y la consecuente represión de las fuerzas del orden derivaron en una auténtica masacre, con miles de muertos y heridos. Es justamente en ese momento cuando muchos militares se dan cuenta de que están reprimiendo a su propio pueblo por defender a las elites del poder. Viendo las atrocidades cometidas por sus propios soldados a sus conciudadanos, algunos altos mandos del Ejército venezolano empiezan a cuestionar las políticas del Ejecutivo y entre éstos se encuentra el comandante Hugo Chávez Frías, que ya por aquel entonces encabezaba el MBR 200, el Movimiento Bolivariano Revolucionario.
Chávez y sus seguidores realizaron un golpe de estado contra el Gobierno de Carlos Andrés Pérez el 4 de febrero de 1992, pero el intento falló y el comandante fue arrestado. Después de casi tres años en prisión y de una intensa formación autodidáctica, Hugo Chávez sale de su reclusión con la firme pretensión de llegar al poder y transformar el país por la vía democrática. Pertrechado esta vez no con fusiles y granadas, sino con las ideas libertarias y nacionalistas de los grandes héroes venezolanos como Simón Bolívar, Francisco de Miranda y Antonio José de Sucre, Chávez crea el Movimiento V República (MVR) y se lanza a una intensa campaña de captación de votos que durará varios años y que lo llevará hasta los lugares más pobres del país. Su popularidad no cesará de crecer y en las elecciones presidenciales de 1998 el ex militar conseguirá una holgada victoria con el 56% de los votos a su favor. Una vez en el poder, Chávez da la espalda a las elites oligárquicas que siempre han controlado el país y gracias al apoyo de las masas aprueba una nueva constitución que rompe con el orden neoliberal. La embestida de la derecha, apoyada por los Estados Unidos, no se hizo esperar. Los grupos más conservadores de Venezuela utilizarán sus medios de comunicación para difundir una campaña de descrédito contra Chávez, convocarán un boicot comercial que durará varios meses y provocará un desfalco económico, y hasta se atreverán a organizar un golpe de estado contra el presidente electo el 11 de abril de 2002. Sin embargo, Chávez sale más reforzado que nunca de todos estos ataques. Es el propio pueblo venezolano el que vuelve a invadir las calles, libera a su presidente y lo vuelve a poner al frente del país.
Cabe preguntarse entonces en qué país del mundo la mayoría de la población saldría a las calles a defender al dictador cuando éste acaba de ser derrocado. Cuando cae una dictadura las masas oprimidas suelen salir a la calle a festejar su libertad o puede incluso que se queden en casa atemorizadas por la represión ejercida por la dictadura, pero de ninguna manera salen a las calles a defender al dictador. Los venezolanos y las venezolanas no arriesgaron sus vidas para defender una dictadura, lo hicieron para restituir la democracia. Y es que el régimen de Hugo Chávez es todo menos dictatorial. ¿Qué dictador del mundo permitiría la existencia en su país de medios de comunicación poderosos que atacan día tras día su gestión y su persona? ¿Qué dictador convocaría un referéndum a su gestión con la observación de organismos internacionales independientes como el Instituto Jimmy Carter y la Unión Europea? ¿Qué dictador eliminaría el analfabetismo entre su población y dejaría que los inspectores de las Naciones Unidas acrediten oficialmente este hecho histórico? Y, ¿qué dictador explicaría todas las semanas de manera didáctica y pedagógica en un programa de televisión su gestión de Gobierno? Como comenta Eduardo Torres Mundaraín, presidente de una red nacional de cooperativas: "Quién diga que en Venezuela hay una dictadura miente. Yo llevo aquí 40 años. Sé cómo se las gastaban los de AD y COPEI. Antes había seguido disturbios con la Policía, manifestaciones, protestas… se mataban muchos periodistas. Ahora con Chávez todo está más tranquilo, hay más libertad, ya no mueren los periodistas". Durante mi investigación en Caracas he preguntado a muchas personas de la oposición si consideraban que en Venezuela no había libertad de expresión y muy pocas me dijeron que sí. Rosa María Soares da Silva, una ejecutiva en ventas, resume la opinión mayoritaria: "No hay falta de libertad de expresión. Aquí cada uno dice lo que quiere".

Hugo Chávez, sin embargo, no se ha limitado sólo a 'decir', también se ha dedicado a 'hacer', si no sería muy difícil contar con el apoyo mayoritario del pueblo. Los logros de su gobierno en materia social gracias a la nacionalización del petróleo son ampliamente reconocidos a nivel internacional. La misión Robinson ha acabado con el analfabetismo, la misión Barrio Adentro ha hecho que en cada barrio marginal haya un centro médico gratuito, la misión Identidad ha logrado que todos los venezolanos tengan por fin un documento nacional de identidad, la misión Mercal ha facilitado la creación de mercados de víveres básicos a bajo precio y otras muchas misiones están produciendo mejoras significativas en los ámbitos de la vivienda, la educación media y superior, el desarrollo económico endógeno, las infraestructuras, la ciencia, la cultura y el deporte. Quizás la misión más altruista de todas sea la misión Milagro que consiste en que las personas de bajos recursos que sufren de patologías oculares, como las cataratas, puedan someterse gratuitamente a una intervención quirúrgica y recobrar así de nuevo la vista. Esta misión que cuenta con el apoyo del Gobierno cubano es de las iniciativas más solidarias que se han dado en la historia de América Latina, ya que no son sólo los venezolanos y los cubanos los que se benefician de este servicio. A Caracas llegan enfermos de todas las regiones del Continente, tanto de Centroamérica y del Caribe como de países pobres sudamericanos, y es una gran satisfacción ver cómo estas personas se llenan de alegría cuando se dan cuenta de que van a poder ver la luz.
La nacionalización del petróleo no sólo ha beneficiado a los más necesitados del país. La rebaja en los precios de los carburantes gracias a las subvenciones del Gobierno ha sido un alivio para todas las clases sociales de Venezuela. Mientras en el resto del mundo los precios de los hidrocarburos están por las nubes y los transportistas se ven con el agua al cuello, en Venezuela 40 litros de gasolina del mejor octanaje no llegan a costar dos dólares. "Eso es de lo más democrático que ha hecho Hugo Chávez", me comentaba un taxista cuando le pregunté sobre el tema. No es de extrañar entonces que la inmensa mayoría de la población venezolana apoye a su presidente. A finales de los años ochenta la gente de los cerros de Caracas salía a la calle desesperada por la subida en los precios de la gasolina. Ahora ese recurso natural que tiene el país se está repartiendo. Tanto el venezolano rico como el venezolano pobre sólo tienen que gastar dos dólares para llenar el tanque de su automóvil. Para muchos todas estas medidas son simple asistencialismo que promueve la idea de un Estado paternalista, pero para otros muchos el Estado bolivariano simplemente cumple con su compromiso social de cubrir los derechos básicos para todos sus ciudadanos. Y esos derechos recogen el derecho a la salud, a la educación, a la vivienda, al transporte y a un trabajo digno (Chávez ha elevado el salario mínimo seis años consecutivos hasta los 240 dólares). Hay que decir que esta segunda interpretación adquiere cada vez más fuerza en el mundo pese a la campaña mediática internacional en contra de Hugo Chávez. Cuando el primer ministro británico Tony Blair criticó recientemente la conducta antidemocrática de países como Cuba y Venezuela, rápidamente 77 parlamentarios británicos del Partido Laborista escribieron una carta a Blair defendiendo la gestión de Chávez en el ámbito social y en la concesión de microcréditos a las nuevas cooperativas que se están formando en todo el país.

Pese a todos estos elogios, la revolución bolivariana de Hugo Chávez no sólo tiene aspectos positivos, ya que también hay ciertas conductas que son muy criticables. Sin embargo, la mayoría de estos defectos son vicios que vienen del sistema anterior. Los principales problemas de Venezuela son los mismos que tienen la mayoría de los países latinoamericanos y forman parte de una cultura heredada a través de los siglos de la época colonial. Estos defectos se pueden resumir en tres palabras: inseguridad, burocratismo y corrupción. La inseguridad derivada de la criminalidad y la delincuencia es fruto de una cultura de la violencia que viene de la época de la esclavitud y que se ha mantenido hasta ahora por las enormes desigualdades existentes. Caracas es sin duda una de las ciudades más peligrosas del mundo. Los robos, los asaltos y los secuestros están a la orden del día por la ineficiencia o incluso la complicidad de las fuerzas del orden, pero eso no es algo nuevo por estas latitudes. "Hemos heredado un poder judicial y unos órganos de seguridad pública totalmente corruptos y eso es lo que tenemos que cambiar con la próxima Ley de Policía Nacional", comenta Omar Marcano, diputado de la Asamblea Nacional de Venezuela por el Partido Comunista.
El burocratismo es otro lunar en la gestión de Hugo Chávez. Es de aplaudir que mucha gente de ese 80% de la población que estaba excluida tenga ahora la posibilidad de ostentar un cargo público en detrimento del 20% que siempre ha controlado el poder, pero eso no justifica que la mayoría de esos nuevos cuadros sean incompetentes y se aprovechen de su situación privilegiada. Muchos de los nuevos funcionarios que llegaron a posiciones de mando con Hugo Chávez no tienen ni la formación ni la experiencia necesarias para desarrollar eficazmente su trabajo para la nación. Impera demasiado esa mentalidad de clan que dice así: "Si llego al poder, lo primero que tengo que hacer es ayudar a mi familia y a mi gente". El nepotismo y el clientelismo son prácticas muy comunes en la administración venezolana. Muchos diputados tienen a sus hijas de secretarias y a sus hijos de asistentes y seguro que también a algún que otro amigo o amiga en algún ministerio. Esta circunstancia hace que muchos venezolanos que apoyan el proceso muestren su descontento. "Yo estoy con Chávez y la revolución, pero no con la gente que está a su lado. Hay muchos que son unos corruptos", declara Benicio Moreno, funcionario del Consejo Nacional Electoral. Pero hay que decir que muchas veces esa corrupción es incluso inconsciente. Yo vi como un cooperativista totalmente convencido de la revolución y muy crítico con las actitudes corruptas de los funcionarios le pedía algún que otro 'contratillo' de construcción a una secretaria de un alcalde del MVR, el partido de Chávez. La secretaria le dijo al cooperativista: "Bueno, ¿y yo qué me llevo de todo esto?" El cooperativista le contestó rápidamente: "No te preocupes que te llevas una comisión". "Ah, bueno", respondió complacida la secretaria. Cuando nos fuimos, yo le comenté al cooperativista que lo que acababa de hacer era una práctica corrupta. Él totalmente serio me miró a los ojos y me dijo: "eso no es corrupción, eso es lo normal".
El proceso revolucionario bolivariano tiene un enorme reto por delante. Hacer que los venezolanos desarrollen una conciencia socialista y que miren antes por el bien común que por los intereses individuales no va a ser nada fácil. Alfredo Rincón Guerrero, un guía turístico de Caracas, lo expone de manera clara: "Yo no dejo de asombrarme cuando escucho hablar a Chávez del socialismo del siglo XXI y de la solidaridad entre los pueblos. A veces me pregunto si no se habrá equivocado de país. Aquí no estamos en Suecia, Noruega o Suiza, aquí estamos en Venezuela, aquí todo el mundo es 'vivo'. Todo el mundo se aprovecha de la situación si puede". Está claro que es muy difícil cambiar la mentalidad de un pueblo y menos en pocos años. Pero el proceso bolivariano ha logrado grandes avances en este sentido. La revolución ha puesto claramente a la vista los grandes defectos del país y la mayoría de los venezolanos aseguran que eso tiene que cambiar. "Ahora tenemos que estar unidos porque son las elecciones presidenciales son en diciembre, pero después de ganar hay que limpiar el proceso y eliminar a todos los corruptos", asegura Olaf Giliberto, un joven abogado de la empresa petrolera pública PDVSA, que gracias a la revolución y a su profesionalismo ha logrado un buen puesto de trabajo.
El proceso bolivariano ha logrado seguramente crear una democracia más participativa en Venezuela. En estos ocho años se ha estimulado enormemente la conciencia política y cívica entre la población. La mayoría de los ciudadanos participaron activamente en los debates para la redacción de la nueva constitución y muchos de ellos llevan siempre una copia en miniatura de la misma en el bolsillo para consultar sus derechos. Hoy en día las leyes no sólo se discuten en el Congreso, también se debaten en las calles. Los propios diputados de la Asamblea Nacional bajan a las plazas para discutir las nuevas leyes con la población. La juventud de los barrios periféricos que antes no quería saber nada de política, ahora está totalmente volcada con el proceso y prueba de ello son todas las televisiones y radios alternativas que se han creado en Caracas. Los vecinos de los barrios del centro como el de La Candelaria tampoco se quedan atrás y se están empezando a organizar para recuperar y rehabilitar sus paseos y sus plazas, que por ahora siguen presa de la delincuencia, la mendicidad y la suciedad. "Tenemos que recuperar el sentido de pertenencia al barrio", comenta Vicente Alirio Oramas, artista plástico y vecino de La Candelaria. Ahora sólo falta que la oposición a Chávez se presente a los comicios presidenciales del 3 de diciembre y no se retire de las votaciones como en las últimas elecciones legislativas que dejaron los 167 escaños de la Asamblea Nacional en manos del bando oficialista. Una buena oposición es un elemento imprescindible para el desarrollo efectivo de la democracia y la alternancia en el poder. Pero eso ya no es un problema de Chávez, sino de ese 20% de venezolanos que antes lo tenía todo y ahora no sabe cómo recuperar el terreno perdido.

Publicado en snc, el 19 de mayo de 2006
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